«Dickens le daría una bofetada a Macri»

Bernardo Kliksberg, el mayor experto en pobreza de Naciones Unidas, dijo que “si Charles Dickens y Victor Hugo estuvieran vivos, estarían preparados para darle una bofetada a Mauricio Macri por la cantidad de chicos en la calle de la ciudad de Buenos Aires”. Kliksberg fue uno de los disertantes en el último día del Encuentro de Registros de Chicos Perdidos, destinado a refinar el análisis de las causas de abandono voluntario de su casa por parte de los adolescentes y a evaluar el nivel de protección de derechos en la Argentina.

Kliksberg dijo que “el neoliberalismo está convirtiendo en pobre a la clase media de Europa” y afirmó que lo contrario pasa en Sudamérica, sobre todo en la Argentina y Uruguay, según las cifras de la Comisión Económica para América latina. “El nuevo programa social de Dilma Rousseff está destinado a los niños y se llama Brasil Cariñoso”, recordó el economista. “La Asignación Universal por Hijo es la mayor inversión social de la historia argentina, incluso por encima de la inversión social de los primeros gobiernos peronistas.”

También dijo que “el Registro Nacional de Información de Personas Menores Extraviadas salva vidas, sobre todo de los más débiles” y felicitó a su coordinadora, Cristina Fernández.

Según Kliksberg, los adolescentes, las chicas y los chicos de América latina ven vulnerados sus derechos a comer, a la salud, a educarse y a no ser sospechosos por ser pobres.

Kliksberg hizo mención de su contratapa sobre Perú publicada ayer en Página/12 y al hablar del resto del continente dijo que en México hay un 52 por ciento de pobres y a la vez el 40 por ciento de los chicos son obesos. “Antes comían la dieta mexicana y ahora con la comida basura sin regulación engordaron y tienen diabetes y problemas cardíacos, porque según la Organización Mundial de la Salud las grasas ultrasaturadas intoxican y la gente vive diez años menos.” Un problema que viene de los Estados Unidos, donde según el economista “gracias a George Bush hay 45 millones de pobres y el plan de Michelle Obama para instaurar un menú saludable en los comedores escolares fracasó por el lobby orientado a demostrar que el Estado no tiene que meterse en la comida”.

Entre otras de las causas de que América latina produzca hoy tres veces la cantidad de alimentos necesaria para alimentar a su población y, al mismo tiempo, haya escasez nutricional, Kliksberg informó que “la que decide el precio mundial de los alimentos es la Bolsa de Chicago, invadida por los mismos fondos de inversión que destruyeron Wall Street”. Advirtió que no hablaba con adjetivos sino con cifras. “Sólo dos por ciento de las operaciones de Chicago son transacciones reales y lo demás es especulación.”

Marisa Graham, directora de Promoción y Protección Integral de la Secretaría de Niñez, desarrolló las causas de lo que definió como “violencia y crueldad contra los niños”.

Dijo que hasta 2005, “cuando Néstor Kirchner se convirtió en el primer presidente argentino que desplegó en la Casa Rosada un plan para garantizar los derechos de los niños”, la Argentina había vivido “un proceso complejo de vulneración de derechos”. Como parte de la complejidad, citó la vulneración abierta durante la dictadura y luego la contradicción según la cual “la Argentina era uno de los países que más tratados ratificaba, pero firmaba una cosa y ejecutaba otra”. De ese modo “quedaban afuera de la cultura, del sistema, del aparato productivo, y del lenguaje miles de personas”. Dijo la funcionaria de Niñez que “hay mucha gente fuera del lazo social, fuera de la red y del tejido, y eso impacta en las relaciones interpersonales e incluye al seno de la familia”.

Marisa Graham analizó luego el significado de algunas palabras. Dijo que una de las acepciones de “víctima” es “persona o animal destinado al sacrificio” y que el sacrificio significa “ofrenda a la deidad” y también “acto de abnegación inspirado en la demencia del amor”. Concluyó ese tramo: “De este modo quedan vinculados víctima, sacrificio y amor. Al sujeto, que es el niño, la niña y el adolescente, se lo convierte en víctima. Y al presentarlo sólo como víctima volverá al lugar del sacrificio”.

Añadió que una niña abusada, por ejemplo, “tiene que aprender a hacerse responsable del cuidado de su cuerpo, entendido no como físico sino como el cuerpo físico más las psiquis, o el espíritu o el alma o como quiera llamarlo cada uno”. Señaló que, por ese motivo, “los cuidadores deban alcanzar un compromiso ético con el cuidado del cuerpo del otro”.

Y agregó: “Asistir está bien, y hay que hacerlo con dignidad. Si no se genera un espacio donde la piba pueda dar cuenta de lo que sucedió y pueda entender que fue captada en un lugar, trasladada a otro y explotada, o a veces hasta se haya enamorado del chulo, posiblemente el Estado le dé de todo, pero es posible que la ayude poco y en tres meses o cuatro estará con otro chulo. Si su deseo es tocar el piano y el Estado sólo le ofrece un curso de peluquería, quizás su destino siga siendo sacrificar el cuerpo”.

Sobre las formas de actuación del Estado alertó que “no todo en la vida es protocolizable, y en todo caso el protocolo debe decir primero que respetará la singularidad de cada situación y de cada caso”.

En cuanto al abandono voluntario del hogar por parte de los chicos y los adolescentes, señaló que “a veces irse de la casa es un síntoma de salud, y entonces cuando se toman medidas hay que separar al agresor y no al niño, porque de otro modo después nos preguntamos, por ejemplo, las razones del consumo de sustancias tóxicas y no tenemos en cuenta que los que consumen están solos, deprimidos y angustiados”.

El docente Diego Ginestra, director del programa Infancia y Cultura de la Secretaría de Cultura de la Nación, definió la infancia como “un campo de disputa ideológica y de dominación del mundo adulto, a veces incluso con buenas intenciones”.

“La ideología tutelar va desde un discurso de rancio conservadurismo hacia un tecnicismo progre”, dijo. “El discurso de criminalización de los pibes es el más obvio. Hay otro que cala más hondo: pensar que los chicos son víctimas de todo. Eso es quitarles a los chicos la indisciplina creativa y la rebeldía. Y otro discurso más, el técnico-médico-jurídico por el cual los chicos y las chicas pasan a ser un tema de expertos y de juzgados. Los chicos se convierten en legajos y en la mejor de las chances pasan a ser casos. Así se pequeñiza la infancia.”

Recomendó “trabajar en la fertilidad de la superficie, donde está la posibilidad de relacionar ideas”, y dijo haber constatado que “los chicos hoy son poderosos, incluso más que en los gobiernos peronistas anteriores porque antes eran sujeto de tutela y ahora son sujetos de derecho desde la promulgación de la Ley de Protección 26.061. “Cuando Néstor Kirchner hizo bajar el cuadro de Videla escribió un texto para la liberación de los chicos”, dijo. “Y en los últimos tiempos, con el debate sobre la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, surgió un fenómeno que cualquier docente puede confirmar: los chicos desconfían de lo que leen, ven o escuchan. Por eso no se trata de construir dispositivos contrahegemónicos sino de ver cómo se presentan las cosas y cómo podemos imprimir nuevas texturas de ganarle al no se puede. Cómo abrimos el camino a la fábula y la risa. Hay pibes poderosos. Juntémonos con ellos en una relación afectuosa.”

Nora Schulman, directora de la Comisión Argentina de Seguimiento y Aplicación de la Convención de Derechos del Niño, presidida por Estela de Carlotto, dijo que ese instrumento “es un piso, no un techo” y opinó que la ley argentina de protección es superior a la Convención. Sin embargo, dijo que “en muchas provincias argentinas hay un discurso de Convención y una realidad de patronato”, es decir de hace un siglo atrás. “No es a los niños y a las niñas a quienes hay que proteger. Es a sus derechos. Y no sólo el juez debe escucharlos. También la maestra, el médico… Si no, son pequeñas faltas de respeto y de incumplimiento cotidiano de los derechos de los niños que uno hace cotidianamente.”

“En los años ’70 u ’80 se respetaba que para el chico el lugar indicado fuera la calle, y pensar eso resultó una catástrofe. Ahora, la ciudad de Buenos Aires tiene más niños en la calle que hace cinco o seis años y cuando un chico cae intoxicado en la calle, el SAME se niega a tocarlo.”

Para Schulman “la clave en el trabajo del Estado no es la del niño amigo sino el ejercicio de la responsabilidad”.

Fuente: Página 12 – Sociedad (06/12/12)